El museo es considerado uno de los ejemplos más importantes del deconstructivismo arquitectónico: está compuesto por una serie de volúmenes complejos, espectacularmente interconectados entre sí. El museo ni siquiera posee una sola superficie plana regular: la estructura principal parece estar casi esculpida de manera orgánica. Exteriormente, está revestido con placas de titanio (semejantes a escamas de pez) y bloques de piedra caliza. Gracias al metal reflectante utilizado, el edificio reacciona a los agentes atmosféricos y a las distintas condiciones de luz a lo largo del día, de manera inesperada y sobresaliente.
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